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domingo, 22 de enero de 2017

Daño interior

Convivir no es nada fácil. Durante nuestro camino, nos encontramos muchas personas que tratan de hacer daño a nuestras vidas por diversos motivos: envidia, ser distinto, no ser comprendido, vestir de forma diferente, hacer lo que no hacen los demás... ¡ La convivencia se vuelve imposible ! Se utilizan bruscas palabras y hacemos a los demás tanto daño, que es difícil perdonar.
Algunas vez te has preguntado, ¿qué sentirá esa persona si le insulto o le humillo? En muchos casos, los daños no se ven por dentro y parecen no repercutir, pero todos tenemos nuestro corazoncito, un interior que puede ser alterado por personas que no tienen escrúpulos y que deben entender que las feas palabras hacia los demás y las acciones con desprecio, algún día podrán volvérseles en su contra.

Hagamos este experimento para reflexionar:
- Todos en círculo sentaros alrededor de dos manzanas exactamente iguales.
- Una de las manzanas debe dejarse caer sin estropearse.
- Por turnos, debemos describir las dos manzanas: 1. A la que fue lanzada, podríamos propiciarle cualquiera de estas cosas: insultarla, pincharla, hablar mal de ella, ponerle feas caras... 2. A la otra por el contrario, se le debe abrazar, besar, decir bellas palabras...
Cada uno realizará una cosa fea y bella a cada una de las manzanas.
- Al finalizar los turnos, abriremos la manzana por la mitad, se dejará en el suelo y observaremos qué le ha ocurrido en su interior.

Aunque por fuera eran iguales y aparentemente ninguna manzana sufrió cambios por las cosas feas o bellas que se les dijo o hizo... ¿qué le ha ocurrido a su interior?
CUIDADO con lo que hacemos o decimos, todos tenemos un corazoncito. Si no cuidamos el de los demás, recuerda que cualquier día te puede tocar sufrir las consecuencias que tú provocastes.
Cuando hacemos daño, nos hacemos daño a nosotros mismos

viernes, 4 de noviembre de 2016

Ventana al interior

Cada mañana cuando nos levantamos, normalmente abrimos las ventanas de casa para que entre el aire nuevo y mirar al exterior para contemplar por un momento el nuevo día.

En el transcurso del día solemos mirar mucho la ventana al exterior, vemos los problemas de los demás, observamos los errores que cometen otros, y parecemos estar ajenos al error y las dificultades de nuestra vida.

¿Te has planteado alguna vez mirar la ventana que asoma a tu interior? A veces no nos preocupamos de ella, y ésta tiene la clave de los cambios necesarios en nosotros para crecer junto con los demás. ¿Probamos mirar nuestra ventana? Quizá nos sorprenda.

Formando un círculo, nos sentaremos todos en el suelo con las piernas cruzadas y la espalda erguida. Es necesario tener en cuenta lo siguiente:
1. El ejercicio consistirá en un diálogo consigo mismo.
2. No podremos dejar de mirar el objeto que nos entregarán hasta finalizar nuestro turno.

A continuación, deberemos de observar un instante el objeto con cuidado y posteriormente abriremos la "ventana" (puertecita). Nos encontraremos con quién somos y deberemos de decirnos en voz alta, sin apartar la vista:
- Soy... (tu nombre).
- Lo que más me gusta de mí es...
- Lo que quisiera corregir en mí es...
Después le pasará el objeto cerrado al compañero/a. (A los más pequeños se lo irá mostrando el docente, sin necesidad que el alumnado lo coja).

¿Te has reconocido?
¿Realmente te has mirado dentro?

Si algún compañero/a quiere comentar alguna emoción o sensación, podrá comentarla cuando finalicen el ejercicio todos sus compañeros/as. Pero no se trata de decir ni dar consejos a los demás, si no de reflexionar consigo mismo de forma interna o externa hacia los demás.